Los ocho años de brillo que nos regaló el Chancho

El en Derribador histórico
Los ocho años de brillo que nos regaló el Chancho

"Eliseo Ayaviri como capitán de The Strongest junto a Ramiro Vargas de Litoral. (Foto: Archivo)"

(Por Jorge Jové).-  Vientos de cambio soplaban en el club en 1982. El plantel que, en forma brillante había ganado el primer título de la Liga en 1977 y logró tres veces el subcampeonato nacional entre 1979 y 1981, se agotaba. Se hacía necesario un recambio, lógico y natural en toda institución futbolística.

Aquellas cuatro de cinco clasificaciones a la Copa Libertadores habían dejado también exhaustos a nuestros dirigentes y se imponía la llegada de nuevas personalidades a la conducción institucional y al primer plantel.

Fue cuando uno de los directivos que más sabe de fútbol en el club, el capitán Rodolfo Flores Morelli, asumió la presidencia en tiempos en los que la gestión duraba un solo año.

Y con él llegó una saludable renovación en el plantel. Luis Galarza; Alberto Heredia, Eligio Martínez, Waldino Palacios y Juan Peña; Juan Carlos Oropeza, Reynaldo Zambrana, Alberto Ayala y Ovidio Messa; Mario Rolando Ortega y Eliseo Ayaviri formaron el once titular de 1983, bajo la dirección técnica de Wilfredo Camacho.

Antonio Carusso, Eduardo Torrico, Luis Iriondo, Ramiro Pérez, Uber Acosta, Raúl Alejandro Rojas y Alfredo Botto completaban el cuadro stronguista.

Ese equipo, en el que ya no aparecían las figuras consulares de Ricardo Fontana, Eduardo Angulo, Pablo Pekerman y Jorge Lattini, dio lucha hasta el final y no se clasificó a la Copa Libertadores de América por escaso margen.

De esos jugadores, el puntero izquierdo, Eliseo Ayaviri, a la sazón de 25 años, se convertiría hasta 1990 en uno de los más regulares e importantes del Tigre. Flores Morelli fue quien compró el pase de “El Chancho” Ayaviri al club Municipal.

Un año después, en 1984 los stronguistas pasamos vergüenzas. Los nuevos administradores del club formaron un plantel descompensado que contó con tres jugadores de la Academia Tahuichi, quienes solo se quedaron por un año y los refuerzos extranjeros no dieron la talla. Ayaviri fue uno de los pocos, junto a Eligio Martínez, que se salvó de las críticas.

En 1985, se sentó las bases para el equipo que en 1986 obtendría en forma brillante y merecida el título nacional y entre 1988 y 1989, un nuevo subcampeonato nacional y otro título.

En esa etapa importante, en la que hubo ocho temporadas, Eliseo Ayaviri no solo se mantuvo leal a los colores, de hecho, terminó su carrera en el club a los 32 años aquejado por una lesión de rodilla.

En 1986, el ataque del Tigre fue compuesto por Ortega, Jesús Reynaldo y Ayaviri; un año después por Ortega, Germán Antonio Panichelli y Ayaviri; en 1988 y 1989, por Ortega, Julián Giménez y Ayaviri.

En aquellos años, como es habitual en el fútbol, podíamos ganar, empatar o perder, pero lo que nunca se olvidará serán las endiabladas gambetas de ese puntero izquierdo, retacón, de baja estatura y enorme sonrisa.

Los marcadores derechos sufrieron sus indescifrables quiebres de cintura, tanto en los torneos locales como en la Copa Libertadores de América.

Alguien tendrá que hacer una estadística. Es, seguramente, uno de nuestros importantes goleadores en los clásicos. Nunca se escondía, siempre enfrentaba a los rivales, con fuerza y valentía.

Nacido en Villazón, en el extremo sur del departamento de Potosí, “El Chancho” comenzó su carrera en el Independiente de su ciudad intermedia natal y alternó su juego en equipos de La Quiaca, en el norte argentino. Llegó para jugar en Municipal en 1977, con 19 años y fue parte de los fundadores de la Liga Profesional.

Lo habían recomendado para que juegue por los del frente, pero los que mucho saben lo vieron bajo de estatura y lo despreciaron, aunque en su lugar estaba otro petiso, el paraguayo Viviano Lugo.

Cosas del fútbol, estaba predestinado a ser del Tigre, pero cuando Ayaviri llegó a La Paz para ese puesto tenía a un monstruo como el paraguayo Wilfrido Cañellas y cuando este se fue a Chaco Petrolero, llegó otro fenomenal puntero izquierdo: Ignacio Ramón Peña, pero cuando dejó el club por motivos extradeportivos, el campo quedó abierto y Ayaviri tuvo una oportunidad, que no desaprovechó. Se adueñó de la punta izquierda por ocho temporadas, en las que apenas se recuerda si hubo necesidad de contar con un suplente para él.

Faustino García, un cochabambino de fuerza y habilidad, no pudo quitarle en puesto entre 1986 y 1987, como tampoco pudo el paraguayo Erasmo Aricayé en 1987.

Cuando se fue al concluir la temporada 1990, no volvimos a tener un jugador de sus características. Se lo extrañó y mucho hasta que casi una década después, tuvimos a un puntero por izquierda, aunque ambidextro para el manejo del balón, nada menos que Antonio Vidal González, quien cubrió el carril izquierdo del ataque con su solvencia, personalidad y capacidad goleadora. Cualquier similitud no es mera coincidencia.

Pasó el tiempo y los punteros perdieron su importancia en los nuevos dibujos tácticos, hasta que apareció un jugador de sus características. Fue Líder Paz quien ocupó esa plaza. No hubo otros más.

“El Chancho” murió esta mañana, ese generoso corazón dijo basta cuando apenas tenía 63 años. Los stronguistas lo recordaremos con su enorme sonrisa y su capacidad para romper con fuerza y habilidad las marcaciones —y a los defensores— más férreos. Una oración en tonos oro y negro se eleva al cielo, paz en su tumba. Gracias por todo Eliseo, debimos habértelas dado antes. Mucho antes…

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