Final de Champions
"La orejona que hoy se la lleva un equipo inglés. (Foto: Archivo)"
La Champions presenta una final insólita en Madrid. La mística del Tottenham contra la maquinaria del Liverpool. El espíritu inefable de un equipo de supervivientes capaz de transformarse como el camaleón frente al cálculo llevado a la máxima expresión futbolística. Una mezcla rara en la coctelera del Metropolitano. Demasiado rara para anticipar un desenlace, por más que los precedentes señalen el favoritismo del Liverpool, quíntuple campeón de la Copa de Europa y segundo clasificado de la Premier con una sola derrota.
Ante el historial de su adversario, el Tottenham debería palidecer: alcanza su primera final y viene de clasificarse cuarto en el campeonato inglés. Pero las finales tienen su propia dinámica y ya nadie frivoliza cuando Mauricio Pochettino invoca a la “energía universal”. De otro modo no se explicaría la resiliencia de un grupo que ha sorteado todo tipo de accidentes, ha eliminado al City y al Ajax —los equipos más pujantes de Europa junto con el Liverpool—, y ha recuperado a Harry Kane, su mejor futbolista.
“Disfrutamos estando juntos”, dijo Hugo Lloris, satisfecho del viaje que le había llevado a Madrid. “El fútbol es una forma de convivencia y nosotros somos un verdadero equipo”. El capitán del Tottenham se presentó en el Metropolitano acompañado de Pochettino y Jesús Pérez, el puntual ayudante de campo. Todos sonreían. Parecían embarcados en un viaje de placer. Al revés que sus homólogos del Liverpool, que reflejaban en sus rostros la necesidad de ganar tras haber perdido una final de Liga Europa en 2016 y otra de Champions en 2018.
Este Liverpool es un equipo histórico. Nunca se ha visto un conjunto de jugadores tan bien adiestrados para ejercer la presión. Hasta ahora, lo normal era que los equipos que tienen la pelota agoten a los que no la tienen. Jürgen Klopp ha conseguido que su Liverpool haga una tortura de la circulación de pelota del rival. Representa una mezcla exacta de organización en los movimientos con y sin balón, preparación física, y aprovechamiento letal de las transiciones frente a oponentes que se deshacen después del acoso. Sólo el City ha resistido, y a duras penas. El Tottenham se rindió 2-1 y 1-2 en sus últimos cruces ligueros. Si el fútbol fuese un ejercicio automático debería correr la misma suerte en Madrid. Pero hay algo esotérico en estas trayectorias que se cruzan. Algo que invita a la reserva. “Mal iríamos si yo creyera que soy la razón de estas seis finales perdidas”, dijo Klopp, afable pero dolido, cuando le preguntaron por su triste registro personal. El técnico del Liverpool viene de perder seis finales sucesivas con Liverpool (2) y Dortmund (4) y sus jugadores se sienten obligados a vencer a los Spurs.
- Los Tiempos