Un día volvió el fútbol

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Un día volvió el fútbol

"Los cuidados de los ball boys durante el partido entre Borussia Dortmund y Schalke 04 (Foto: Martin Meissner/Pool via REUTERS)"

Leo se levantó la mañana del sábado con la idea fija de ver fútbol en la tele, iba a ser un poco de agua en un desierto pandémico en este año maldito. Lo primero que hizo fue ir donde su mamá para ver si había dormido bien, en la noche la escuchó toser y se despertó para preguntarle si estaba bien.

En estos tiempos de virulencia hay que estar con mucho cuidado. Lorena, su madre tiene 78 años, es una persona que está en zona de peligro por este Covid-19 y todo cuidado es poco. Leonardo tiene 35 años, vende periódicos en una esquina del mercado, el único legado que le dejó su padre hace más de 20 años ya cuando se fue.  Él estudiaba para ser ingeniero, pero la desgracia de su padre y la depresión de mamá hicieron que dejara todo, incluso ese su amor por el fútbol que aún guarda con amargura con sus camisetas.

Él a veces, aún sueña que patea balones en estadios llenos, un nueve fuera de serie, corredor desde atrás, un adelantado, un Cristiano del altiplano, dúctil y encarador; pero de eso no ha quedado nada, solo un par de botines que ya no los calza por bronca más que todo, un par de poleras que aún huelen a chivo y una medallita del único campeonato que consiguió con su Club querido: Real Juventud.

El quiosco de los periódicos le quedó como fuente económica, y mamá, ella que apenas puede plantarse todos los días. Que en esta miseria llamada coronavirus hay que cuidarla porque sabe que cualquier cosa puede ser mortal, y eso sí no lo podría soportar, eso lo mataría, como murió el fútbol de sus pies.

Desde hace más de 45 días que no hay periódicos que vender, no hay de donde sacar un peso nuevo y lo poco que había se va en algo que comer. De todas maneras, en casa hay algo que lo conecta con el mundo: un cable que paso un vecino y que trae la magia de la televisión a su casa de dos habitaciones. Antes veía las noticias, hoy ya no quiere, lo deprimen a Leo; pero al fútbol no lo cambia, durante este tiempo vio mil especiales y documentales. Maradona jugó de nuevo en Italia 90, River Campeón de la Libertadores, Brasil con Ronaldo, la Era de Guardiola, todo está en su cabeza, lo siente y se emociona con las postales.

Es por eso que en su mirada desde hace una semana solo estaba encauzada en esperar este partido al otro lado del mundo , en Alemania donde el Borussia Dortmund y el Schalke 04 le decían al mundo que se podía correr en el verde césped. Leo miro de parado y muy despertado, mamá no entendía bien; pero que importa, hace tanto tiempo que no veía tan entusiasmado a su hijo. 

La victoria para los amarillos fue fácil, 4 a 0 y sin problemas. No se abrazaron en los goles y hacían cosas raras entre ellos mismos. Para mamá que empezó a tomarse la frente le pareció un buen espectáculo, en cambio Leo se molestó, tanto esperar y en vez de una batalla vio un amistoso a distancia prudente. Salió un rato a la puerta a ver si alguien había en la calle, lo mismo de siempre, el día era lindo, pero sin gente, sin almas, sin pasión, como el partido que había visto.

Cuando volvió mamá tosía mucho, un día antes había lavado ropa en la tarde fría. Leo se asustó y pregunto qué le pasaba. Ella parecía con miedo y algo ocultaba. Leo fue más insistente y le dijo que tenía, ella entró a su cama nuevamente y le dijo con voz de tristeza a su hijo:

-Hace una semana vino doña Juanita a traerme pan…

´Leo empezó un nuevo partido, ahora tenía que ponerse la camiseta de héroe.

Por Marcelo De la Cruz