Nos levantaremos
"Julio se toma la cabeza, como todos nosotros, en un clásico para el olvido. (Foto. Marka Registrada)"
(Por Mauricio Céspedes).- The Strongest cayó duramente por 3-1 en el clásico frente a Bolívar, que utilizó absolutamente todos los recursos al alcance de su mano para vencer al gualdinegro, finalmente logrando su objetivo. El Tigre cometió errores constantes y en los momentos donde dominó e incluso convirtió el gol del descuento, el compromiso fue llevado a otro lugar y terminó con el celeste festejando.
El conjunto atigrado sufrió una baja muy fuerte, que tomó como sorpresa a todos. Pablo Escobar no fue parte de la convocatoria por precaución, una contractura le impidió incluso ser parte del banco de suplentes y el equipo de César Farías tuvo que saltar a la cancha sin el capitán, con Chumacero que se puso el equipo al hombro. El estratega mandó a la cancha a: Vaca; Diego Bejarano, Maldonado, Marteli y Pérez; Wayar, Castro y Veizaga; Chumacero, Pedrozo y Alonso.
Párrafo aparte merece el arbitraje de Luis Yrusta, que no debe ser tomado como excusa pero que tuvo un partido para el olvido (no expulsó a Fernández, anuló un gol dudoso y demás errores que influyeron); después, el aurinegro lo perdió nuevamente. El planteamiento era claro, tener el balón ante un rival que apostó al contragolpe. Hubo chances para ambos, con los porteros como protagonistas. Parecía que nadie rompería el cero, pero al 43’ Leonel Justiniano sacó un remate que Vaca dejó escapar y se metió en el arco.
La segunda etapa, The Strongest entró dormido y a los 51’ cometió una equivocación, dejando que un saque lateral le llegue a Ronnie Fernández que definió muy bien. De la mano de Chumacero el equipo despertó y no se quedó a menos, de esa manera llegó el descuento a los 59’ tras un centro de Pedrozo y un cabezazo de Alejandro. Era el momento del Tigre, y los pasapelotas, los mismos futbolistas celestes entraron en juego. A los 86’ llegó la agresión y expulsión de Arce sobre el Toco, que derivó en un trifulca en la pista atlética que tuvo como consecuencia la pérdida del ritmo del plantel y el tanto final de Justiniano.
Duele perder un clásico, siempre duele, pero no hay razón para empezar a pedir cabezas u olvidar todo lo que ha hecho este mismo grupo de jugadores. El miércoles nos jugamos una final ante el Santos, donde todos debemos estar unidos; porque en Copa Libertadores debe llegar la gran alegría.